Compleja y Exitosa cirugía a una niña de 12 años, a la cual no podían realizarle transfusiones de sangre.

En los últimos días de agosto se realizó una operación para corregir una escoliosis de una niña de 12 años. Este desafío médico contó con la particularidad de que por decisión de la familia, motivos religiosos (Testigos de Jehová), no podía realizarse transfusiones de sangre ni otros hemoderivados.

Con ese escenario se encontraron los médicos del Sanatorio de la Cañada – Villa María, que después de reuniones con la familia y con especialistas de distintas áreas, decidieron que era viable afrontar el desafío y hacer la cirugía.

Seis meses demandó la organización comandada por el jefe de Pediatría, Roger Tissera; el Traumatólogo y Cirujano Diego Loza Zapata y el Anestesiólogo Mario Berrini

La niña tenía una escoliosis de 70º en su columna vertebral. “Cuando es más de 40º, ya se considera severa”, apuntó el equipo, para dar contexto de la gravedad de la situación de la paciente.

“En los casos severos hay que tomar la decisión radical de corregir quirúrgicamente, para evitar que haga presión en los órganos abdominales o torácicos y que el paciente pierda el equilibrio”, plantearon, enumerando algunos de los problemas que acarrea la escoliosis.

El equipo

El equipo encabezado por Diego Loza Zapata, especialista en Ortopedia y Traumatología y en Cirugía de columna, junto al Pediatra Roger Tissera y el Anestesiólogo Mario Berrini, estuvo integrado por los siguientes profesionales de la salud:

  • Melchior Angelo, Neurocirujano.

  • Graciana Passaglia, Neuróloga, Electrofisióloga.

  • Lucas Mercado, Instrumentador Quirúrgico.

  • Yamila Tello, Instrumentadora.

  • Román Periolo, Técnico Radiólogo.

  • Santander, Hemodinamia.

  • Federico Martino, Técnico en Ortopedia.

  • Silvana Sola, Instrumentadora y Circulante.


La cirugía

 

Para poder realizarla, trajeron especialistas de distintas áreas y desde diferentes ciudades, como Córdoba y Buenos Aires. En total, en el quirófano trabajaron, por cinco horas y media, 12 profesionales de la salud.

Un rol protagónico fue el Electrofisiólogo, que controló las conexiones nerviosas a medida que iban moviendo las vértebras e informando precisamente hasta dónde realizar la corrección de cada vértebra

También contaron con un Hematólogo, que participó con un recuperador de glóbulos rojos. Esa especie de “bomba aspiradora y purificadora”, que permitió que toda la sangre que perdía, -como en cualquier cirugía y más en esta que tiene una incisión tan extensa a lo largo de la espalda-, se filtraba e ingresaba nuevamente al organismo. “Esto permitía que la sangre tuviera una continuidad en su flujo

El rol del Anestesiólogo también fue central. Mario Berrini relató el procedimiento que llevaron adelante para afrontar la decisión de no transfundir.

El nombre de la técnica es “hemodilución normovolémica” que consiste en extraer sangre a la paciente dentro del quirófano, antes de empezar la operación. “Esa sangre se repuso con solución fisiológica, logrando así que cada gota que se pierde por sangrado, tenga menos cantidad de glóbulos rojos”, dijo.

Otra de las estrategias que aplicaron fue la de mantener a la niña con una presión arterial más baja de lo normal (hipotensión controlada), con el objetivo de disminuir la sangre perdida durante el procedimiento.

“En 30 años de profesión, nunca me tocó hacer algo así. Estamos muy contentos con el resultado”, señaló Berrini.

Desde el área de Pediatría, Tissera mostró su satisfacción porque “a las 48 horas de la cirugía, la paciente se fue a su casa a terminar su recuperación, solo con analgésicos orales”.

Valoró que al salir del quirófano, se le preparó una habitación privada en el Sanatorio de La Cañada – Villa María, convertida en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), para que solo estuviera la niña con sus familiares más cercanos, sumando al equipo de enfermería habitual una extra que específicamente estaría a disposición de las necesidades y controles de la niña.

Calidad de vida

 

“Es muy lindo ver crecer a un paciente que se recupera después de una cirugía así, porque mientras sufren la escoliosis no pueden tener una vida normal, hacer actividad física y se vuelven, en general, retraídas. Después, las ves más extrovertidas y hasta algo que puede parecer pequeño, como advertir que se recogen el pelo porque ahora los hombros están a la misma altura y pueden verlos bien, te resulta importante porque son signos de la recuperación de la autoestima”, dijo Diego Loza Zapata

El desafío fue asumido: pusieron las vértebras en su lugar, dos tutores que cuidarán que la columna siga recta y además, respetaron la fe de la familia de la paciente minimizando los riesgos.

Así como se define de “alta complejidad” a la intervención quirúrgica, se puede hablar de “alta sensibilidad” del equipo que la hizo posible.

 

 

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